Orgullo nacional
Luis Prats Pérez
Orgullo de pertenencia, orgullo que nace de causa noble, justa, que nada tiene que ver con un exceso de estimación propia, con la vanidad superflua, con la arrogancia de los conquistadores, de los dominantes, lejos de la fachenda. Alarde de sentimientos, recuerdos que se entrecruzan con glorias pasadas, con frustraciones anteriores, con fracasos en toda regla.
Evocación en blanco y negro, España en azul, por equipación y régimen, frente a los rojos por excelencia, año sesenta y cuatro, Marcelino gol de raza que hace olvidar el mítico de Zarra y Matías Prats. Ingeniero Suárez, único español con balón de oro por ahora, dirigiendo a los Iribar, Olivella, Zoco, Amancio y el joven Lapetra, antecedente del extremo retrasado, cerebro de los cinco magníficos. La U.R.S.S. postrada ante la España del frente anticontubernio, de los veinticinco años de paz sin libertad, de cárcel y forzado desarrollismo, de nuevo el deporte por encima de los políticos, de las políticas. Campeones de Europa, antesala de glorias que se eternizarían en el tiempo, demasiados años de infortunios: México 96, EE.UU. 94, Corea 2002 y estrepitosos fracasos: España 82, Francia 98 sin contar el erial de los setenta. Consolación de sabor agridulce, europeos de Francia 84, los héroes de Malta rozan la gloria.
La generación explota en la Viena del maestro Happel, del estratega por excelencia. Hace dos años la semilla se siembra en la hierba del viejo Prater vienés. La generación del si si, sí podemos, si sabemos. Dirigidos por un sabio malhumorado conquistan Europa reeditando viejos laureles. Comienzo del orgullo de pertenencia, del universo rojo y gualda, de colores reprobados por complejos atávicos que se confunden en odios de otros. Sentimientos que se desprenden de manías, de obsesiones del pasado sin futuro en el presente. De nuevo por segunda vez Europa a nuestros pies, con los que el Niño, Xavi, Iniesta y Casillas encandilan al mundo entero. Principio del éxtasis.
Todos nos señalan, pero los nombres de otros nos abruman. Desde la humildad contemplamos a los conquistadores de siempre, Brasil, Argentina, Alemania, Italia. Poco a poco caen, mientras los nuestros siguen la senda marcada por el catedrático de Salamanca, el "cámara lenta" Del Bosque que ensalzaría el inefable Héctor del Mar. Rondos interminables saboteados por la violencia del contrario, juego al primer toque, posesión del balón. No saben esconderse, si acaso esconden el jabulami, saben atacar, la ofensiva comienza en Casillas, la defensa se inicia en Villa. Pasamos por encima del juego subterráneo chileno, paraguayo, de la defensa a ultranza portuguesa, del buen hacer de los alemanes, de la violencia incontenible holandesa.
Campeones del mundo, entramos en la gloria, en el club selecto de las estrellas. Tenemos una, pero vamos a por más. El talento de Iniesta, la inteligencia de Xavi, la potencia de Ramos, la seguridad de Casillas, el oportunismo de Villa, la versatilidad de Silva y los requiebros y cabalgadas de Pedro y Navas junto al poderío y clase de Piqué nos hace presumir que conquistaran nuevos retos. Todo está a su alcance. Sudáfrica los ha bendecido. Orgullosos de la roja, igual da que vistan de azul, el símbolo son ellos. Banderín de enganche para nuevos españoles orgullosos de serlo, de sentirse. Gracias a todos ellos por demostrárnoslo, y gracias a Carod y su troupe por recordárnoslo constantemente desde la deslealtad impregnada de inquina.
Luis Prats Pérez es sindicalista.



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