La siesta lo es menos en julio

Luis Prats Pérez

Luis Prats PérezEl mes de julio es del Tour. Una vez terminados los sanfermines, la serpiente multicolor se hace dueña de los teletipos; las redacciones de los periódicos, deportivos o no, siguen con atención lo que sucede en la Grande Boucle. Las portadas se adornan con fotos de los esforzados de la ruta, los telediarios abren con las gestas de unos deportistas que sufren como ninguno los controles de las agencias oficiales contra el dopaje. Desde los lejanos años de Bahamontes, vencedor en el 59 y en el pódium hasta el 64, los amantes de este grandioso deporte hemos vivido el mes de julio al calor del Tour.

En nuestras televisiones en blanco y negro nos deleitábamos con las primeras retransmisiones que reflejaban el dominio del mayor ciclista de todos los tiempos, Eddy Merck, y nuestro Ocaña vencedor en el 73 y que tuvo k.o. al belga en el 71 apartándolo de la victoria una desgraciada caída bajando un puerto ya de nuevo escapado y haciendo camino para coronarse de amarillo en París. Tuvimos que esperar, dejando aparte la aplastante superioridad del Kas como equipo, hasta la irrupción a principios de los ochenta de un joven Perico Delgado que reinó en la ronda francesa en la edición del 88 y se mantuvo en el cajón hasta el 90, momento en el que paso el testigo al mejor ciclista español de todos los tiempos, Miguel Induráin.

Con el navarro durante el primer lustro de los noventa, no había quien durmiera la siesta en nuestra piel de toro. Las televisiones, ya en color, nos traían las imágenes de la autoridad majestuosa del de Villava, que destrozaba a sus adversarios en las cronos y escasos eran los que le enseñaban el culotte en las montañas alpinas o pirenaicas. Cinco años de hegemonía española en las carreteras francesas que terminaron con aquel nefasto Tour del 96 que llegó a Pamplona, precisamente como homenaje al navarro, y que concluyó con la pronta retirada de Induráin no sin antes conquistar en los Juegos Olímpicos 96 la medalla de oro contrarreloj.

De nuevo cuando la canícula aprieta en julio y tras el imperio de siete largos y aburridos años del americano Armstrong, los españoles brillan en la ronda francesa. Tras el triunfo de Pereiro por descalificación de Landis, y el trabajo de Carlos Sastre, un nuevo emperador de la ruta francesa, de la mejor y más grande prueba ciclista, del estado puro por excelencia del ciclismo, ha surgido en nuestro país para seguir deleitándonos en las calurosas tardes de julio. Alberto Contador es el nuevo capo del Tour, lleva dos -porque en uno no le dejaron participar- y va en este verano camino de su tercero. Con su edad y clase, domina las pruebas contra el crono y en la montaña no hay quien le tosa, podemos pensar que podría batir el récord del veterano yanqui, que con siete victorias ha puesto el listón únicamente al alcance de un superclase como el de Pinto.

La siesta vuelve a ser menos en julio. Alguna cabezada que otra, aprovechando las etapas llanas y aquellas en las que los llamados domésticos son protagonistas. Merece la pena la falta del reparador sueño vespertino si tenemos que estar ojo avizor a los ataques poderosos del madrileño, a las hazañas del hibrido de Bahamontes e Induráin. Queda agosto para retozar en el sofá tras las agotadoras mañanas de playa o piscina, en julio el Tour manda, la siesta espera otra nueva oportunidad.

Luis Prats Pérez es sindicalista.

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