Festival Internacional de Jazz de Alicante FIJAZZ 2010
José A. Lafuente Andújar
Tras las agradables sorpresas del pasado año (Carla Bley, Manhattan Transfer, etc.), el FIJAZZ 2010 nos ha ofrecido, fundamentalmente, otros dos hitos en la música de siempre: Tania Maria Brazilian Band y Stanley Clarke Band. Los cinco conciertos han sido interesantes, pero estos dos, además, memorables. La primera, un regalo para los sentidos. El ritmo brasileño, la Bossa Nova, la percusión, la voz y el piano de ella, tardarán en desaparecer del Tossal de Manises, escenario, por cierto, mágico en estas noches de calor y luna llena. El bajista Clarke nos trajo, quizá, los mejores músicos: un batería colosal, sin desmerecer a los demás, y… pongámonos de pie, una pianista japonesa pero, cuidado, de la escuela americana que nos enseñó cómo se vive el jazz: Hiromi Uehara. No la envidié por cómo tocaba, sino por cómo sentía. ¡Qué más le daba lo que estuviera pasando a su alrededor! Cuerpo y alma al servicio de una de las aún mejores causas posibles: la Música. Otro regalo ahora para los seis sentidos, pues allí latía algo, no sé, algo raro, cromosómico. Un lujo.
Michel Camilo, un portento de técnica y corazón, debería tener ya claro que un piano de cola trabajado como un arma de destrucción masiva al lado de una guitarra, por mucho que fuera la de Tomatito, se come al instrumento y… diría que al músico sin caer en la tentación del chascarrillo fácil. Apenas escuchábamos algún fraseo del guitarrista en momentos de tregua del teclado. A lo mejor, desde el control de sonido... Ambos, en fin, maestros indiscutibles pero descompensados. Hubo jazz, flamenco, tangos y, como no, fusión y química entre ambos.
Yellowjackets. Un nombre ya muy veterano pero renovado y con propuestas de trabajo en constante evolución; otro batería imponente más piano, saxo y bajo en un jazz poco "contaminado", vamos, el de toda la vida.
Los últimos en actuar fueron los músicos del trío de David Sanborn. Un concierto también de jazz/blues al uso pero con un líder pincelado por los puristas con cierta polémica debida a sus incursiones en ámbitos más comerciales: pop, rock, etc. La percusión, también muy creativa, y el organista/trompetista/vocalista, espectacular, sobre todo para los incondicionales del órgano Hammond. A pesar de todo, el saxo del jefe Sanborn arrancó, como en el resto de conciertos, aplausos y bises.
Digamos, para terminar, que hemos vivido un Festival Internacional equilibrado, con buena acústica e iluminación nada estridente, creadora de ambientes agradables en consonancia con el lugar. Tres llenos notables y dos aforos a medio llenar, con gran parte del público entregado y otra, no pequeña, más curiosa que militante.
Ya tarda el FIJAZZ 2011.
José A. Lafuente Andújar es licenciado en Filosofía y Letras.



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