Conciencia cívica
Luis Prats
Año tras año seguimos impávidos ante el espectáculo desgarrador del salvaje mercantilismo instalado en nuestras instituciones. Permitimos que unos y otros jueguen con nuestros dineros, con el erario público -que si tiene dueño- como si de un juego de mesa se tratara. Arrogantes y sin temor a la justicia demasiados de quienes nos gobiernan desde las instituciones, utilizan los bienes públicos como les viene en gana, saltándose a la torera reglamentos, normas y legislación vigente, cometiendo irregularidades, alterando a su conveniencia cualquier asunto que suponga ganancia a corto plazo para ellos y sus protegidos.
Contrapartidas de favores, empleos por información privilegiada, filtraciones por regalos de lujo. Viajes, comilonas, saraos, cruceros en yates, coches de alta gama, todo vale por vivir en un frenesí de excesos, de lujos, despilfarrando riquezas negadas al más común de los mortales, que además tienen que soportar como aquéllos disculpan su devoción por la opulencia como si se tratara de algo común, ordinario, habitual en cualquiera que ocupe su alta posición en la sociedad, su rango tribal.
Los números que se barajan producen vértigo, las cifras que afloran a través de los registros mercantiles ponen de manifiesto la impresionante, vertiginosa y escandalosa ascensión de algunos empresarios favorecidos por adjudicaciones más que sospechosas. Las delirantes manifestaciones que últimamente estamos escuchando no son sino intentos de maquillar comportamientos que ponen en duda decisiones que favorecen ostensiblemente casi siempre a los mismos.
En momentos tan desgarradores para buena parte de la sociedad en la que el desempleo causa estragos en buen número de familias, en circunstancias tan lamentables en las que por mor de la crisis que nos azota aumenta en progresión geométrica el número de ciudadanos que acuden cada día a comedores sociales o a centros de acogida y ayuda social, cuando la indigencia se incrementa, es obsceno el espectáculo que nos deparan quienes hacen de la ostentación su modo de vida. Faltos de valor cívico, no poseen la entereza de ánimo precisa para cumplir con sus deberes para con la ciudadanía que les otorgo su confianza.
Es hora de despertar la conciencia cívica, adormecida conciencia social que por ser colectiva es proclive al manejo interesado de las clases dominantes, que necesita de un aldabonazo para plantar cara a los que burlan una y otra vez los principios que deben regir toda sociedad democrática que se precie. Conciencia cívica que nos una para cambiar de rumbo a una sociedad que viene siendo demasiado laxa con quienes debiera exigir integridad, honestidad y austeridad, cuando no ejemplo en el que el ciudadano entienda la verdadera vocación de servicio a la sociedad.
Luis Prats es sindicalista.

















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