Viajes Guardiola
Luis Prats
Viajar en avión ya no es un lujo. Tanto es así que la mayoría de los equipos de futbol de la división de honor española organizan vuelos de los llamados chárter cuando los desplazamientos así lo aconsejan y sus ciudades todavía no tienen a su disposición el AVE, evitando de este modo el siempre incómodo viaje por carretera en autobús.
Normalmente los clubs suelen viajar el día anterior al partido para evitar imprevistos que puedan afectar el buen desarrollo del evento deportivo. Únicamente hay un club que lo hace siempre en el mismo día de la celebración del partido por decisión de su entrenador, el Barça de Guardiola. Con ello corre el riesgo de que cualquier incidente pueda ocasionar un retraso de la expedición y llegar tarde a la hora fijada para el inicio. Él lo sabe, la directiva de su club lo sabe, el equipo contrario lo sabe y por supuesto también lo saben la Federación y la Liga de Futbol Profesional.
Pero Guardiola que además de entrenador, como ya demostró en su época de jugador culé, es también forofo azulgrana está convencido de que el Barça es más que un club. Y ahora todavía aún más, desde que está viviendo una época dorada con una hornada de jugadores que componen la columna vertebral de la selección española campeona del mundo y de Europa y que van a ocupar el pódium del próximo balón de oro para envidia de merengues.
Cree el entrenador culé que tras su personal trayectoria de un año inmaculado de seis títulos y la racha del club en el último lustro, le confieren un status especial, que merece un trato exclusivo por parte de las autoridades deportivas, los compañeros de profesión y el resto de equipos. Por ello cuando cientos de miles de ciudadanos se encuentran secuestrados en los aeropuertos de toda España, cuando han perdido sus vuelos y nadie tiene garantías de cuándo y cómo viajaran, él insiste en hacerlo en avión a Pamplona, y de lo contrario que aplacen el partido que sus muchachos de oro no pueden cansarse viajando en autobús, como ya lo hicieran obligados la temporada pasada a Milán. Tantas horas con las rodillas dobladas pueden ocasionar una rotura de ligamentos. Para eso ya está el humilde Hércules que se tira catorce horas atravesando la piel de toro desde Alicante a La Coruña.
La tozuda realidad le despierta cuando el otro equipo afectado, que en ningún caso ha sido consultado, les espera en su estadio con miles de seguidores en las gradas y a la hora convenida. Entonces las prisas, que son malas consejeras, le acucian, pues de no acudir a tiempo a su equipo le darían el partido por perdido y le restarían puntos. Con el tiempo que se le echa encima, a última hora coge un tren y termina el trayecto en autocar. Aún así llega la expedición a la hora consignada para el partido y este comienza casi una hora después contraviniendo la reglamentación.
La falta de respeto para con los aficionados que habían acudido al campo, para con los televidentes y el resto de clubes y sus profesionales, no se ha visto correspondida con denuncia alguna ante los comités de competición, por lo que el entrenador culé debiera estar agradecido y con la humildad que se decía poseía excusarse por las molestias ocasionadas. Lejos de ello, Guardiola, arropándose en un nacionalismo victimista y trasnochado, arremete contra todo el mundo y en especial con los medios de comunicación. Su prepotencia y altivez le impiden reconocer que el único culpable de la situación ha sido él y su caprichosa manía de viajar el mismo día del partido, acompañándole no obstante en la responsabilidad quienes se lo consienten todo desde el club azulgrana y los que sin competencia le facultan desde la Federación.
Luis Prats es sindicalista.
















