Mendigos

Luis Prats

Luis PratsTal parece que la mendicidad molesta. No es bueno para la ciudad que indigentes circulen por sus calles pidiendo dinero o ayuda, es un borrón en la idílica postal urbana. Las calles han de estar limpias, de suciedad y de harapientos. Su presencia no agrada. Mandatarios y políticos haciéndose eco de las protestas vecinales, comienzan a pensar de qué manera podrían acabar con esa lacra que tanto afea calles, plazas y condominios de la ciudad. Piensan, meditan y concluyen. El Sanedrín municipal lanza su farisea solución.

Con el fin de erradicar la mendicidad, sobre todo dicen aquella que es "insistente, intrusiva, agresiva y organizada", idean una ordenanza que pretende acabar con la que califican como perversa actitud rogativa de los desheredados. No se complican la vida en perseguir de raíz las autoridades municipales alicantinas a quienes utilizan vergonzosamente a menores para conseguir ablandar conciencias y recaudar más monedas, no atacan el problema desde un punto de vista social intentando acabar con la exclusión a la que son sometidos numerosos ciudadanos sin poder evitarlo y sin ayuda alguna de la administración. Su solución pasa por fijar una serie de sanciones según la práctica de la mendicidad se lleva a cabo en uno u otro lugar, o de una u otra manera. Expertos descriptivos, incompetentes conciliadores.

De entrada el texto es tan de difícil explicación que sanciona bajo multa de hasta 750 €, ya me dirán ustedes de donde va a sacar un mendigo tal cantidad cuando no tiene ni un plato de comida caliente que llevarse al estómago, a quienes "presenten actitudes coactivas o de acoso u obstaculicen el paso por lugares públicos", se les olvidó mencionar "y presenten mal aspecto higiénico y ropas sucias o en harapos", lo que les distinguirá ante los agentes del resto de viandantes. No acaba aquí el surrealismo sancionador, pretendiendo la concejalía autora de este atentado contra natura, recaudar hasta 1.500 € cuando el mendicante lleve a cabo su actuación como "lavacoches ocasional" o "vigilante de coches temporal".

Menos mal que la ordenanza municipal recoge en su texto que las sanciones podrán sustituirse por cursillos de los servicios sociales, en los que se les indicará, a los mendigos y pobres de la gran ciudad, donde acudir en caso de necesidad perentoria, resolviendo su problemática con la ayuda que sea necesaria. La pregunta es inevitable, ¿por qué la ordenanza no contempla el problema de la mendicidad al revés, empezando por el final, sin acudir al fácil método sancionador, interesándose por los casos y personas antes de conducirlas por un laberinto de multas y prohibiciones que en nada contribuirán a que cambien de actitud ante la vida?.

Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el arte de vivir juntos como hermanos (Martin Luther King).

Luis Prats es sindicalista.