Nacer de nuevo
Luis Prats
Tras sesenta y nueve días de cautiverio en las entrañas de la tierra, uno a uno sin prisas pero sin pausa van emergiendo desde las profundidades de la mina los treinta y tres mineros chilenos. Ni el mismísimo Julio Verne podría haber ideado una aventura tan agónica, tan fantástica, tan irreal, cuyo fin ha necesitado de una hazaña de la ingeniería que ha permitido, antes de lo previsto, se rescate a los mineros de Atacama. A veces la realidad supera con creces la ficción, lo que no logró ni imaginar una mente tan visionaria, tan preclara como la del novelista francés se ha hecho realidad en un paraje desértico de Chile, en la mina de San José, por el empeño de unos hombres arriba y la paciencia y sufrimiento de otros abajo. El campamento Esperanza comienza a desmontarse, las familias y amigos reciben alborozados a sus seres queridos que la madre tierra les devuelve en gozoso parto. Treinta y tres vidas vuelven a germinar, treinta y tres recién nacidos de curtida biografía.
Rescatados con la tecnología más avanzada, con la colaboración de empresas de países desarrollados de primera línea, de nuevo nacen, vuelven a la vida los treinta y tres mineros que trabajaban en condiciones decimonónicas. Ahorrando en condiciones de seguridad en el trabajo para cuadrar beneficios en el comercio del cobre y el oro, que ásperas manos arrebatan a la tierra en sus oscuras profundidades. Mineros curtidos en el siglo XX trabajando como en el XIX y liberados con tecnología del XXI. Ha hecho falta que los ojos de la humanidad se posaran en sus vidas, que la fortuna les jugara una mala pasada, para que fueran objeto de atenciones que nunca tuvieron y que siempre necesitaron.
Bajan, suben, todo para qué, nada o poco para ellos. Son mineros, van a la mina, van a la muerte. Abren, sacan, sudan, sangran, todo para la empresa, nada para el dolor. Miran, oyen, piensan, nada es lo peor, todo es lo mejor, mineros son, a la mina van, a la muerte van. A la mina ya no irán, ya no querrán morirse en un socavón. En la mina brilla el oro al fondo del socavón, la empresa se lleva todo y el minero solo el dolor.
Ustedes que ya escucharon la historia que se contó, no sigan allí sentados pensando que ya pasó. No basta con el recuerdo, ya no basta con llorar. Quizás mañana o pasado o bien, en un tiempo más, la historia que han escuchado de nuevo sucederá. Tienen los mineros razones puras, tienen por qué pelear, tienen las manos duras, tienen con que ganar. Exigir derechos para que nunca vuelvan a pasar sucesos como el de Atacama, que aún con final feliz, comenzó con vidas humanas en almoneda por mor de beneficios y riquezas. Miserias de unos por lujos de otros.
LUIS PRATS PEREZ (Con gratitud a los de Quilapayún)
Luis Prats es sindicalista.
















