¿Por qué no cantan nuestros niños?
Guillermo López Pérez-Marín
La música florece en nuestro mundo desde hace millones de años, cuando los seres vivos poblaron nuestro recién nacido mundo. Los trinos de los pájaros fueron sus primeras manifestaciones. El murmullo fluvial del agua en su viaje al mar. El mismo mar. El pulular del viento entre las hojas de los árboles. El vuelo de los insectos, El rugir de las fieras. La voz humana que, desde entonces, comenzó a hablar y a cantar, en los momentos culminantes de su existencia, a la vida y la muerte, acompañado por instrumentos de percusión inventados por él mismo. Deseo referirme hoy a este interesante aspecto de la música. Al canto. La juventud no canta. Es una lástima que la niñez y la juventud, no tenga una formación musical. Salvo excepciones centradas en los conservatorios. No asiste a los conciertos de música coral, orquestal, de cámara o banda. Pero sí asiste, la inmensa mayoría de ella, a los macro conciertos de otras músicas modernas importadas. ¿Cuál es el secreto a descifrar? Supongo que se asienta en varias facetas. Pero cojamos una elegida de mi mochila sonora. Nos ocuparemos, esta vez, de la enseñanza del canto en las escuelas. Con los niños se deberían llevar a cabo esas enseñanzas que les proporcionaría una comprensión de la espiritualidad del sonido que le mueve a expresar sus sentimientos anímicos. "La música no es Dios, pero es el cielo" decía Lope de Vega aseverando que la hermosura de la música estaba comparada con las más altas expresiones del alma humana. ¿Qué sería del ser humano sin música? A los niños de las escuelas no les enseñan a usar ese precioso instrumento natural con el que nacen, las cuerdas vocales, que no solo sirve para hablar, sino para expresar sus sentimientos íntimos a través del canto. Tengo una escuela junto a mi oficina. A lo largo de todo el curso escolar no oigo cantar a los niños en una disciplina de canto. No existe. Hace muchos años, en mis tiempos, los niños cantaban en la escuela canciones infantiles que les llevaban a amar la música. La juventud cantaba los cantos regionales de sus pueblos. ¿Cuánta gente mayor recuerda su niñez por las canciones infantiles aprendidas en las escuelas? Pero ahora la juventud no canta. No lo hace porque no le enseñan a cantar. Es posible que una terrorífica mano negra, sin alma, con un inmenso borrador en la mano, deje en blanco las partituras populares porque desee hacer olvidar nuestras músicas ancestrales Y yo me pregunto una y mil veces ¿Por qué? ¿Qué se logra con ello? ¿Por qué no cantamos nuestras canciones como hacen todas las otras naciones del mundo?
Guillermo López Pérez-Marín es presidente de Pro Música Española.
















