Un miembro más de mi familia

Quien no tenga el corazón y el ánimo abiertos para acoger a un animal que nunca se deje seducir por los caprichos coyunturales de los más pequeños
LUIS PRATS PÉREZ

Luis PratsAsí es como veo yo a Traka. Tiene tres años recién cumplidos. Es una pastora alemana color fuego y tremendamente vital. Vino a casa al poco tiempo de dejarnos Penka, mi querida compañera a la que sigo añorando y por la que se me siguen humedeciendo los ojos al recordarla. Evidentemente Traka no sustituía a nadie, ni por supuesto estaba en nuestro ánimo nada por el estilo. Como dice la canción cuando un amigo se va queda un espacio vacío que no lo puede llenar la llegada de otro amigo.

Ni mascota, ni animal de compañía, no nos gusta darle tal tratamiento, son un miembro más de nuestra familia. No está con nosotros para darnos suerte, no es talismán alguno. Pertenece al mundo animal como nosotros mismos, pero en ningún caso llegó a casa para hacernos compañía, esta es mutua, de doble dirección como la que sentimos y desarrollamos con el resto de nuestro clan familiar. Su raza es canina, la nuestra humana, por tanto las diferencias de comportamiento son ostensibles, casi siempre a favor de ella en cuanto a virtudes, facultades, cualidades. Generosidad, obediencia, lealtad, fidelidad, son valores que la adornan.

Quien no tenga el corazón y el ánimo abiertos para acoger en el seno de la familia a un miembro de estas características, que nunca se deje seducir por los caprichos coyunturales de los pequeños de sus casas, sobre todo en estos días de fiestas cuando todo es poco a la hora de conceder deseos a esos locos bajitos que no paran de jugar a la pelota, y los adopte hasta que al crecer pierdan el encanto de cachorros, y sean abandonados a su suerte en cualquier camino. Sobre todo en estos días de fiestas cuando todo es poco a la hora de conceder deseos a esos locos bajitos que no paran de jugar a la pelota.

Son criaturas que merecen toda nuestra atención, nuestros cuidados, que nos volquemos en su necesaria educación. Necesitan al tiempo que no los humanicemos y les demos el tratamiento adecuado a su condición, que se vean protegidos por su líder, que todo gire en torno a la manada que conforma el núcleo familiar, pues de ello dependerá su bienestar vital.

Mi pequeña, mi hija Raquel que está más cerca de los treinta que de los veinte a veces me echa en cara que quiero más a Traka que a ella, que le hago más caso, que me preocupo más de ella, celos de amor que para un padre son orgullo. Pero ella sabe perfectamente el por qué. Traka por desgracia tiene una vida bastante más corta que la nuestra, dependerá en muchos sentidos de nosotros, de nuestro cuidado. Nuestros hijos deben ser educados, a partir de cierta edad, en la cruda realidad de que los padres no son eternos, que aunque tardemos, abandonaremos este mundo antes que ellos, por lo que necesitan valerse por sí mismos, sin ayudas que les acostumbren a no afrontar los problemas en soledad parental.

De la misma manera que no deberíamos tener hijos hasta que tengamos la seguridad de poder criarlos, mantenerlos y darles un futuro digno, no debiéramos aumentar nuestra familia con un perro si no tenemos la seguridad plena de poder atenderlo como se merecen. Si al final optamos por traerlo a casa tengan la seguridad de que en mayor proporción que nos roban nuestro tiempo, lo hacen con nuestro corazón.

Luis Prats Pérez es sindicalista.