VIII Festival de Cine de Alicante
JOSÉ A. LAFUENTE
La asimetría entre las galas, los photocalls y las fanfarrias y el material del que tendrían que estar hechos los festivales, las películas, debería hacer reflexionar de cara a próximas ediciones. Alguna presencia de postín se agradece porque arropa y da lustre, pero los excesos podrían evitarse en aras de la brevedad y de la levedad
El VIII Festival de Cine de Alicante ha terminado; ha crecido, además, y ha mejorado. Pero no nos engañemos, es uno de estos festivales de alfombra roja (o verde) que pueblan (sobre todo en verano) este país. Y no es poco, pero tampoco suficiente. Es un remedo de los grandes más por los colorines que por el contenido cinematográfico.
La asimetría entre las galas, los photocalls y las fanfarrias y el material del que tendrían que estar hechos los festivales, las películas, debería hacer reflexionar de cara a próximas ediciones. Hombre, alguna presencia de postín (José Coronado, Concha Velasco, Fele Martínez, Daniel Monzón…) se agradece porque arropa y da lustre, pero los excesos, incluso los escasamente cómicos o de mal gusto por parte de presentador y de algún personaje inefable y grueso sin más historia, podrían evitarse en aras de la brevedad y de la levedad. Luis Larrodera, el presentador, cumplió con oficio salvo en cuestiones ya comentadas. Los dos "marcos incomparables" de las galas, ADDA y Plaza del Ayuntamiento, simplemente magníficas. Las sedes de las proyecciones como el aula CAM, cines Plaza Mar, centro cultural municipal del casco antiguo, Plaza Gabriel Miró, etc., excelentes.
La ceremonia inaugural contó, además del previsible desfile institucional de cargos electos por el escenario, con la Big Band de Jazz de nuestro conservatorio y con la floja actuación del grupo de danza contemporánea del conservatorio de danza de Alicante. Se presentó al jurado oficial (presidido por Antonia San Juan), al de la crítica, a los premiados honoríficamente, a los invitados y al gran muñidor y director del festival, Vicente Seva, al que pediría un poco menos de boato y felicitaría por su tenacidad y trabajo para y por Alicante.
La gran ganadora del festival (crítica y tesela de oro) ha sido, El hombre de las mariposas, de Maxi Valero, en largometrajes y La gran carrera, de Kote Camacho, en cortos. La nutrida asistencia, quizá lo mejor; la organización, buena con matices y el conjunto de las pelis demasiado irregular, pero esto es lo que hay en todo festival que se precie. En cualquier caso, un atracón de cine para todos los públicos. Un festín.
Las celebraciones electorales, más o menos disimuladas, deberían haberse evitado al menos por algún alto organizador y por algunos de los invitados. Una cosa es felicitar (¡?) por educación y otra salivar a glándula abierta por aquello del Pisuerga y de Valladolid que, como saben, es la ciudad natal de Concha Velasco, quien escenificó "La chica ye-yé" (una vez más) con una entrega a la música envidiable a sus setenta y un años.
Habría que atemperar, en fin, el triunfalismo de los discursos finales. Nadie discute el trabajo realizado pero deberíamos dejar ya de mirarnos al espejo, mejorar muchas cosas y primar al cine y a sus artes asociadas (música, plástica, danza, literatura, etc) por encima de unas galas demasiado largas, parecidas a sí mismas y a otras y consumidoras de recursos preciosos y (supongo) que limitados.
Las palomitas y los neones serán importantes, pero estemos a lo que hay que estar. Todos con el Festival de cine de Alicante. De "cine".
José Antonio Lafuente Andújar es licenciado en Filosofía y Letras.

















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