Abuelos
LUIS PRATS PÉREZ
Prefieren tender la mano, echar un capote que suplir, asistir que reemplazar o substituir. Prefieren contar que conferenciar, escuchar que oír, tocar que reñir, reír que gemir, acariciar, mimar que reprender
Algunos no han tenido la suerte de conocer a sus abuelos. Nos corresponden cuatro por individuo, en este caso nieto, que en ocasiones ve multiplicada esta cifra si tras las separaciones y nuevos matrimonios o uniones de hecho y por derecho, se da la circunstancia de que los progenitores de los nuevos padres postizos están por la labor de atender las necesidades de los propios y de los de los demás, o sea de los ajenos.
Los que si la hayan tenido, la fortuna de caminar por su infancia y/o juventud con alguno de ellos, sabrán apreciar lo que significa la palabra abuelo en toda su extensión. Del abuelo cuya presencia imponía, hemos pasado en menos de medio siglo al abuelo dicharachero, no tanto al que se le toma por el pito del sereno, pero sí al que se le trata con una confianza más afectiva que subordinada. A veces se torna en consentimiento pleno lo que antaño pasaba por disciplina cordial, o se pasa del respeto reverencial al cálido descaro. La figura del abuelo, tan exaltada como ninguneada, ha pasado del ser patriarcal
vértice piramidal a la consideración de andén de estación término para los hijos de los hijos cuando los primeros perturban o desesperan a los segundos.
Abuelos henchidos de alegría contenida al comprobar que sus manos no están vacías, que están llenas de otras pequeñas manos de pueriles dedos frágiles, tiernos. Abuelos que esperan con renovada paciencia la alegre presencia de ese loco bajito que no para de jugar a la pelota, de ese que a veces dicen que se parece al hijo que es imagen, que es reflejo. Abuelos que no tienen, sostienen, no son partidarios de tenencias, ni ocupan ni poseen, prefieren prestar apoyo, alentar, en definitiva amparar, acoger. Prefieren tender la mano, echar un capote que suplir, asistir que reemplazar o substituir. Prefieren contar que conferenciar, escuchar que oír, tocar que reñir, reír que gemir, acariciar, mimar que reprender. Prefieren dar ejemplo a aleccionar, aconsejar que instruir, ilustrar que adoctrinar, la pandilla a la secta, el amigo al camarada. Antepone el eso sí se dice, eso sí se hace, eso sí se toca al disco de prohibido por prohibir, prefieren comprensión a represión.
Nanas en la distancia, mirando hacia atrás con añoranza, trasiego de melancolías olvidadas, nostalgia de sollozos nocturnos, de musicales risas atropelladas, de juegos hogareños, de explosiones en alboroto. Nieto, factoría de renovados sentimientos, de alegrías evocadas, de recuerdos olvidados. Nieto, hijo de hijo, portador de olores en memoria arrinconados, del dulce agrio al perfumado talco, factor de nuevas noches en soledad acompañada, causa de reedición de cuentos extraviados, cabello de ángel, lágrimas de agua bendita.
Abuelos de moda por circunstancias colaterales, coyunturales. La crisis, el paro, los ha puesto en candelero. Salvavidas de naufragios familiares, refugio de tormentas sociales, de tempestades económicas. Jubilados laborales con dedicación doméstica que comparte la pensión con el mismo desinterés por lo propio que antaño se entregaba en cuerpo y alma a los padres de sus nietos.
Luis Prats Pérez es sindicalista.
Autor: Luis Prats Pérez





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