El alcalde de Zalamea de Calderón de la Barca
JOSÉ A. LAFUENTE
Esta versión de Eduardo Vasco realza el texto por encima de un sencillo y eficaz decorado, de un vestuario propio de la compañía reconvertido para la ocasión y de una iluminación precisa y funcional

Compañía Nacional de Teatro Clásico
Versión y dirección: Eduardo Vasco
Intérpretes (entre otros): Joaquín Notario, José Luis Santos, Eva Rufo, Alberto Gómez…
Teatro Principal Alicante, febrero 2011
La presencia en Alicante de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC) ha puesto el listón más alto. Ha pasado por aquí un reloj suizo, no mecánico y frío sino potente y preciso. De charla con uno de los actores, me confirmaba el trabajo serio y dedicado de la plantilla, a la que la estabilidad laboral le supone un plus de responsabilidad, ya que entrar en la compañía no es fácil y mantenerse un lujo dado el panorama de la oferta y la demanda en esta profesión.
El Alcalde de Zalamea, en esta versión de Eduardo Vasco, realza el texto por encima de un sencillo y eficaz decorado, de un vestuario propio de la compañía reconvertido para la ocasión y de una iluminación precisa y funcional. El verso calderoniano es sencillo y elegante; directo. Es el mejor armazón para un contenido universal y actual y sin pretensiones costumbristas ni paisajísticas. El verso en general es un instrumento hermoso pero difícil para transmitir historias, porque decir el verso con naturalidad como si fuera el lenguaje cotidiano puede bordear la caricatura o trastabillar al más pintado poniendo, además, en tensión a los espectadores y molestando a la trama. No fue, ciertamente, el caso, saldándose la cuestión con tres minutos de aplausos… también a los actores.
Ya sabemos: una comedia de honor, típica y tópica de los valores españoles, donde el alcalde practica esa justicia pegada a la gente y a la realidad, lejos de artificios y poderes regios y militares. Pedro Crespo es un alcalde sabio en el contexto de valores sociales propios de la época, justo sin mirar con quien, cabezota, honesto y villano en el mejor de los sentidos. El abuso de la soldadesca a su paso por Zalamea de camino a Portugal durante cuatro días y sus "derechos" ejercidos por las buenas o por las malas con la población tienen en Crespo a su mejor opositor. Y es que esos derechos pasaban también por el del descanso del guerrero con la primera campesina o ciudadana que se pusiera a tiro. El humor, no obstante, está presente en muchas situaciones no solo por la eficacia del texto calderoniano sino por la de Joaquín Notario, el alcalde, encarnador de un personaje duro pero irónico, férreo y tierno en ocasiones. El resto del elenco estuvo muy a la altura de la obra.
Otras cuestiones a destacar, peculiares si se quiere, serían la permanencia de actores en los laterales oscuros del escenario a la espera de sus respectivas intervenciones (también, por ejemplo, en Los Comendadores de Córdoba -Lope de Vega- Alma Viva Teatro), las canciones de los soldados y la viola de gamba en directo resaltando momentos y pasajes con mayor o menor fortuna al decir de algunos espectadores.
Como decía al principio, contar con la CNTC en Alicante y con Calderón y lo mejor del Siglo de Oro (a Lope de Vega se le supone en el origen de esta obra) es una ocasión para recrearse antes, durante y después de la función, una excusa (como si hiciera falta) para identificarse con la causa de la primacía del poder civil en estos cercanos aniversarios de vergonzosas y esperpénticas asonadas militares y para apagar la tele un rato, oigan, que ya está bien.
José A. Lafuente Andújar es licenciado en Filosofía y Letras.

















Comentarios
#1 Camille Solá | Lun, 14/03/2011 - 00:57
Crítica fluída, amena, quizá
Crítica fluída, amena, quizá con poca maldad, hasta que leo: ¿AlmaViva Teatro? ¿Quiénes son? ¿Los Comendadores de Córdoba? No sé, ¿están realmente a la altura de la CNTC? Necesito respuestas.
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