1º de mayo en Alicante
JOSÉ A. LAFUENTE
El primero de mayo, sindicatos (también con sus luces y sus sombras) y ciudadanos por libre criticamos a los gobiernos y reivindicamos la primacía del interés público sobre el privado, hoy día representado casi exclusivamente por "los mercados" y sus serviciales trompeteros
Recién terminada la semana santa católica, pletórica de épica para unos, de lírica para otros y de playa y montaña para la mayoría, nos damos de lleno con la fiesta del trabajo (mixtificada por el antiguo régimen y devenida entonces en inefable y vertical botellón gimnástico). El primero de mayo, sindicatos (también con sus luces y sus sombras) y ciudadanos por libre criticamos a los gobiernos y reivindicamos la primacía del interés público sobre el privado, hoy día representado casi exclusivamente por "los mercados" y sus serviciales trompeteros.
Es esta, más allá de dramaturgias y liturgias, una jornada de lucha pacífica por los derechos horizontales y legítimos de los trabajadores. También es una jornada festiva en la que nos manifestamos, nos bañamos, almorzamos entre pinos y nos travestimos de revolucionarios domingueros. Sin embargo, hay quien pone oído atento a cuanto se dice en las pancartas y en los parlamentos.
El pasado domingo, en Alicante, entre cinco y diez mil personas (qué más dará) nos manifestamos por estas calles de nuestros dolores para cumplir con el rito y depurar la sangre, negra ya de tanta reforma laboral injusta y de tanto pillastre en libertad campando dentro y fuera de las listas electorales, porque a ver quién es más chulo en este país de las autonomías, otrora perseguidas por algunos de los que ahora lloran y hacen pucheritos y mohines cuando suena el himno de la suya.
Después de un par de horas de marcha con las banderitas prefabricadas, los globos y las pancartas, llegamos a la Explanada a esto de los discursos. Tras el primero e interminable de ellos (¡26 min.!), a cargo de la secretaria general de CCOO de Alicante, una Rambla a reventar había adelgazado ya hasta la mitad, debido a la hora, al calor y a la nula capacidad de síntesis de la oradora, por mucho que dijera verdades (nunca mejor dicho) como puños. Tras ella, el secretario alicantino de UGT, en un discurso más contenido y mejor estructurado, terminó en diez minutos su repaso en el que también estuvieron presentes los países árabes, la reforma laboral, las privatizaciones, la corrupción, etc. y el necesario cambio político en Alicante y en la Comunidad Valenciana.
La exigua representación electoral del PSPV-PSOE, pancarta en ristre, aguantó el sol y, paradójicamente, el chaparrón como unos pasmarotes, escuchando con mucho mérito, eso sí, verdades otra vez como puños directamente de los trabajadores allí presentes. Dolçaines i tabalets, con La Internacional, finiquitaron un día caliente que marca casi el inicio de una campaña electoral lamentablemente judicializada y que debería ir poniendo ya, al menos, a cada cual en su sitio. Sí, en ese que pensamos muchos.
José A. Lafuente Andújar es licenciado en Filosofía y Letras.

















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