Estado de bienestar
LUIS PRATS PÉREZ
La redistribución de la riqueza no tendría sentido sin cultura y un sistema sanitario que igualara las clases sociales, procurando sentar las bases para la igualdad de oportunidades
Aunque inhábil para juzgados y buena parte del aparato administrativo y político, en el mes de agosto hemos celebrado nuestra comida mensual. Un mes de agosto atípico por el goteo incesante de noticias de las llamadas de alcance, tanto a nivel nacional como a nivel local. España al borde del abismo y la CAM despeñada e intervenida. Entre plato y plato, la conversación ha girado en torno al llamado estado de bienestar, que a partir de la crisis y sus consecuencias, como conocimiento público de deudas soberanas insostenibles y déficits galopantes, ha entrado en dificultades y discusión. La polémica es si se puede o debe sostener el estado de bienestar a base de aumentar sin límites la deuda, de la que ya no se paga el capital sino que malamente se afrontan como se puede los intereses, y para hacer frente a ellos hay que vivir del dinero de los demás, de la venta de deuda a intereses insostenibles. El círculo vicioso ha de ser frenado en su giro frenético en algún instante, ha de ser cercenado para salir con buen pie de la maraña de deudas.
Bienestar para nosotros cuatro, no es ni más ni menos que la posibilidad mensual de poder degustar, en buena compañía, una buena comida. Filosofar delante de un buen plato de arroz a banda es además de fácil, un ejercicio de hedonismo que nos eleva intelectualmente vaso a vaso de buen vino. Por ello intentamos alrededor de la mesa, conversar visualizando interiormente la cruda realidad de los que más están sufriendo la crisis que no cesa. Esos sin duda son los casi cinco millones de desempleados, por lo que el gran problema y prioritario de nuestra sociedad no es si está o no en discusión el manido estado de bienestar, sino el estado en que se encuentran las familias, van por más del millón, en las que todos sus miembros están en el paro, o los jóvenes que rozan el 50% de desempleo en su segmento gráfico. No es difícil llegar a esa conclusión aportando un poco de sentido común, y menos en nosotros que hemos vivido en profundidad el sindicalismo y por tanto la defensa de los derechos e intereses de la clase trabajadora.
No hace tanto que al conjunto de los españoles el concepto de estado de bienestar le sonaba más a chino que otra cosa, era algo propio de los países nórdicos. Algo a lo que aspirábamos sin saber exactamente en qué consistía. Vamos, parecido a lo que hoy en día está pasando con la prima de riesgo, que hace menos de un año el español medio creía que era una familiar algo casquivana. Priorizar es la clave. El estado de bienestar se define como un sistema social de organización en el que se procura compensar las deficiencias e injusticias de la economía de mercado con redistribuciones de renta y prestaciones sociales otorgadas a los menos favorecidos, sistema inviable si el estado quiebra o no dispone de ingresos suficientes hipotecando a las venideras generaciones. La sanidad y la educación han de estar por encima de cualquier proyecto social. La redistribución de la riqueza no tendría sentido sin cultura y un sistema sanitario que igualara las clases sociales, procurando sentar las bases para la igualdad de oportunidades.
Al conjunto de cosas necesarias para vivir bien se le denomina bienestar. Por lo tanto hemos modificado la acepción de la palabra que califica al estado óptimo para el ciudadano, dándole un significado conceptual más cercano al hedonismo, olvidándonos del carácter internacionalista de ideologías provenientes de la izquierda, aceptando ballena como animal de compañía. Desde una sociedad rácana con el calvinismo hemos iniciado un recorrido exento de la cultura del esfuerzo y el trabajo como virtud, sin dejar de lado la idolatría por quienes abusando de la picaresca consiguen patrimonio y riqueza.
Luis Prats Pérez es sindicalista.

















Comentarios
Enviar un comentario nuevo