Del maravilloso mundo de los animales: los corderos
JOSÉ A. LAFUENTE
Histrión Teatro
Autor y director: Daniel Veronese
Reparto: Gema Matarranz, Paco Inestrosa, Manuel Salas, etc.
Teatro Arniches, 18 febrero 2011
Casi sin introducción, con un cuerpo narrativo y un desenlace imprevisibles y empeñado en angustiar al respetable con una obra donde todo es posible, Daniel Veronese nos introduce en un mundo claustrofóbico y violento donde nada es lo que parece (o sí, ese es el problema) mediante unos personajes y un texto sinuosos. A Gómez lo secuestran y conducen a casa de Berta, a la que no ve desde hace veinte años. El vecino y secuestrador
deambula por la obra sin dar apenas explicaciones; ni al resto de personajes ni al público. Aparece un antiguo amigo de Gómez, recientemente separado de Berta y protector de la niña, hija de… El desconcierto y la angustia (El Ángel exterminador, de Buñuel) se adueñan del teatro y nos van regalando sobresaltos a modo de violencia esencial, de tensión absurda como forma de vida, de la vida de todos nosotros.
No es una obra fácil. Cada personaje es él y su contrario, sin demora, bruscamente. Cuando te angustia la actitud oníricamente extraña de alguno de ellos, interviene peligrosamente otro pero sin continuidad ni lógica. Es como una pesadilla: sensaciones, desorden, Pisuerga y Valladolid ad nauseam. Un ejercicio de presión dramática donde lo aleatorio te hace desistir de ordenar la historia. Te entregas al caos y a sufrir, que son dos días. Los diálogos son rápidos y precisos. No cuentan: sugieren. No dibujan: esbozan. No pretenden: viajan hasta tu cerebro y lo okupan. Basta, necesito salir del teatro pero no sé qué pasa; no puedo.
A estas alturas, no sé ya si el esquizofrénico es Veronese, el secuestrado, el acomodador o yo mismo. ¿Hipocresía? ¿Mala leche? ¿Violencia latente como forma de vida? ¿Instinto del animal que deviene en persona o viceversa? ¿El clásico mensaje social del oprimido/opresor pistola en mano? ¿La disolución del estereotipo familiar y del de los vecinos y amigos relacionándose esperpénticamente en diez metros cuadrados? ¿Una performance de la que Veronese es ocasional practicante? Uf, necesito un trago.
El ambiente no es agradable. El director ha hecho del feísmo otro instrumento de acoso: el decorado justo de un apartamento impersonal, la ausencia (creo que afortunada porque no estábamos para más estrés ni sobresaltos) de música, la luz inmóvil y ajena a cualquier cambio espacial o temporal, un vestuario anodino… No hay poesía en las partes; quizá sí en el todo. Una escenografía, en fin, a mayor gloria de esa pesadilla que mencionaba y que terminaría en caída libre al vacío por ese vórtice imaginario entre gritos de socorro y sensaciones surrealistas. Qué angustia, por Dios.
Bueno, de todos modos se agradece no salir de un teatro bostezando. No es una obra entretenida ni falta que hace, aunque el trabajo de los actores atrapa en ocasiones y el "qué va a pasar ahora" hiciera que estuviéramos receptivos por muy desorientados que nos miráramos de reojo buscando complicidades en la penumbra del patio de butacas. Una buena experiencia y unos aplausos que yo repetiría, hoy ya, con un poco más de convicción.
José A. lafuente Andújar es licenciado en Filosofía y Letras.

















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