Quieto todo el mundo

LUIS PRATS PÉREZ
El 23 de Febrero de 1981 amaneció como tantos otros. El despertador sonó a la hora acostumbrada, seis de la mañana para poder estar en la oficina de la CAM en Onil... De vuelta a casa la cadena SER informa de los últimos acontecimientos acaecidos en el Congreso de los Diputados

Luis Prats PérezY España entera se paralizó durante horas. Desde el crepúsculo hasta el amanecer, España tuvo la peor de las pesadillas de una democracia. El intento de golpe de estado de Tejero, Milans y compañía privó a millones de españoles del merecido descanso nocturno. Con alevosía, nocturnidad y premeditación un grupo de guardias civiles asaltó el Congreso de los Diputados y mantuvo secuestrada la soberanía popular encarnada en sus legales representantes y Gobierno en pleno de la nación. Mientras, en distintas zonas del territorio español algunos cuarteles se aprestaban a seguir la asonada militar, con el público liderazgo de Milans del Bosch a la sazón Capitán General con sede en Valencia y con el oculto de Armada.

Portada de INFORMACIÓN del 24 de febrero de 1981Era un día más en la rutina laboral y familiar. El 23 de Febrero de 1981 amaneció como tantos otros. El despertador sonó a la hora acostumbrada, seis de la mañana para poder estar en la oficina de la CAM en Onil -llevaba dos años destinado en la ciudad de las muñecas- antes de las ocho y previamente recoger a los tres compañeros de viaje con los que subía hasta las faldas de la Sierra Mariola. Besos en la oscuridad a los niños y a la mujer que seguían disfrutando de los brazos de Morfeo. Tras la jornada laboral, de nuevo rápido viaje de vuelta a casa para comer ligeramente sobre las cuatro y marchar al pabellón a disputar un partido de fútbol sala con amigos y compañeros. De vuelta a casa la cadena SER informa de los últimos acontecimientos acaecidos en el Congreso de los Diputados. Al comentarlo en casa, mi mujer no daba crédito, no digas esas cosas que al final ocurren. Ponemos la televisión y comprobamos que la programación infantil ha sido suspendida. Empieza la confusión, la larga noche de los transistores. Reverdece el miedo a viejos fantasmas.

Damos de cenar a los niños, los acostamos y como tantos españoles en épocas pasadas nos apostamos alrededor de la radio sintonizando emisoras de fuera de nuestra Comunidad, pues las más cercanas emitían obligatoriamente el parte militar que les habían remitido los sediciosos desde Capitanía General en Valencia. Los golpistas toman la televisión, periódicos, radios. El nerviosismo se hace evidente, la retahíla de prohibiciones del parte de Milans y los tanques paseándose como si tal cosa por las calles de Valencia nos hace temer lo peor, el sonsonete macabro nos amedrenta. La militancia socialista y sindicalista preocupa a mi mujer que ve con pesimismo nuestro futuro. Telefoneo a mi cuñada, le digo que intentaré conectar con mi hermano que sigue en secretaría de alcaldía, que en burda intentona pretende asumir militarmente el por entonces jefe de la policía municipal afecto al antiguo régimen.

Pasan las horas con mensajes contradictorios de apoyos y desautorizaciones, seguimos en vela. Nos enteramos de la patética imagen del jefe de los golpistas intentando golpear y tirar al suelo a un bizarro y aguerrido Gutiérrez Mellado, al que no le fue a la zaga Suárez, uno de los pocos que no se agacharon ante la intimidación de los disparos al techo. Por fin aparece en la pantalla de televisión el Rey condenando el golpe y declarando que todo el estamento militar está con él y con la joven democracia española. Desde Andorra nos llama un amigo interesándose por los sucesos. Había dejado su hijo a nuestro cuidado, le pongo en situación tranquilizándole tras la contundente intervención del Jefe del Estado.

Al alba comienza a desertar la guardia pretoriana de Tejero escapándose por las ventanas laterales del Congreso. Se inicia el llamado pacto del capó. José María García, que por una noche ha dejado los deportes, sigue en la brecha contándonos como un reportero más lo que sucede dentro y en los alrededores de la Carrera de San Jerónimo. Todo acabó en una mala noche, en un juicio y encarcelamiento de los culpables. Seguimos caminando, pues se hace camino al andar. Sin pegar ojo volvemos al tajo. La noche de tinieblas dio paso a la mayor manifestación del pueblo español que se recuerda. Los demócratas habíamos ganado lo que un denostado 18 de julio perdimos a manos de otro grupo de sediciosos.

Luis Prats Pérez es sindicalista.
 

Autor: Luis Prats Pérez

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