Circo del Sol "Corteo"
JOSÉ A. LAFUENTE
No usan animales "verdaderos" en sus espectáculos, pero mezclan eficazmente coreografía, humor, un atrezo espectacular, gimnasia y música en directo
Alicante, del 28 de julio al 28 de agosto de 2011
Cuando soñamos, cuando despertamos, volvemos a este lado del espejo cargados de preguntas. Recordamos imágenes veladas, un desorden aparente, un caos poético… El Circo del Sol no es solo diversión, es inquietud. Es magia, y Corteo el momento de sentir, de abandonarse y de habitar un paréntesis. Corteo es luz, es música. Corteo es la partitura de una sinfonía.
Volviendo a la tierra, concretamente al polígono industrial de Rabasa, cuando entramos en este conglomerado multidisciplinar entramos en un reloj. Es una pequeña ciudad con muchos habitantes que respiran al unísono, que van y vienen ordenadamente y que venden cualquier cosa, eso sí, por dinero muy real. Fundado en 1984, el canadiense Circo del Sol tiene que ver más con el teatro que con el circo al uso. Como parte de su filosofía fundacional, no usan animales "verdaderos" en sus espectáculos, pero mezclan eficazmente coreografía, humor, un atrezo espectacular, gimnasia y música en directo. Entre la estética del circo de Balada triste de trompeta y esto hay varios universos de distancia.
Tanta perfección y coordinación (mientras se cambia un decorado en penumbra, nos distraen con otro foco de atención) produce a veces un efecto de estrés a la espera de que suceda lo "inevitable" con los dientes apretados al tiempo que otra secuencia, probablemente aérea y coral, comienza en otro lugar con un fundido intermedio y un enorme suspiro de alivio en el enorme y perimetral patio de butacas. Pero la seguridad es completa; todo está previsto a pesar de que esta disposición, además, obliga a guardar simetría y visibilidad en una disposición de 360º. Difícil, sí.
El único tiempo muerto, largo, largo y dedicado al "merchandising" sin cuartel es el intermedio de media hora, sin duda excesivo y disgregador. Ya en el anterior Quidam, hace unos pocos años en Alicante, fue este uno de los escasos aspectos negativos comentados al final. También podría haberse evitado algún cuadro o reducido algún otro en aras de una menor densidad o para compensar la entendible incomodidad de cualquier carpa circense, en este caso "El Grand Chapiteau" del no menos grande "Cirque du Soleil".
A todo alicantino que, a estas alturas, no haya disfrutado de este… ¿espectáculo? y, suponiendo que quede alguna entrada disponible, que no se lo piense, que vaya corriendo a sentir, a vibrar, a volar. El Circo del Sol es blanco por fuera, es del color de los sueños por dentro.
José A. Lafuente Andújar es licenciado en Filosofía y Letras.

















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