Nadie lo quiere creer. La patria de los espectros

JOSÉ A. LAFUENTE
La Zaranda, teatro inestable de Andalucía la baja.
Intérpretes: Gaspar Campuzano, Francisco Sánchez y Paco Bustos
Dirección: Paco de la Zaranda
Autor: Eusebio Calonge
Teatro Español – Madrid
Del 9 al 26 de junio de 2011

José A. LafuenteSi decimos que la trama se ocupa de una criada y un sobrino, pícaros ellos, que se quieren quedar con los pocos bienes de una anciana ricachona venida a menos, no mentiríamos. Pero esto sería simplificar mucho. Esto no va de una historieta ligera; de una comedia de intriga. Estamos en la frontera de lo real y lo intuido; de la vida y de la muerte; de sobrevivir en la muerte. El pasado, el presente y, quizás en menor medida, el futuro –la esperanza– se funden para agobiarnos, para dejarnos demasiadas preguntas sin respuesta. Esta es una parodia cruel y esperpéntica como pocas.

Son tres cuerpos (perdón, tres actores) en estado de descomposición; tres payasos colosales que deambulan algorítmicamente por el escenario con tres sillas, tres cachivaches a veces inexplicables y tres sábanas –o cuatro, qué más da– por todo atrezzo. Un vestuario carnavalesco, una luz espectral y un texto –Calonge, el cuarto miembro de La Zaranda– escaso, preciso y reiterativo provocan el resto de emociones. Si importante es lo que pasa y lo decíamos al principio, más lo es el cómo pasa. Los personajes van y vienen de manera compulsiva hacia y desde ningún sitio fatalmente: no son libres. La Zaranda es teatro y esto de la impostura a veces es legítimo si lo que encontramos es el ser humano, sus luces y, ay, sus sombras. La Zaranda es poesía. Cuando entras al teatro se para el tiempo y cuando sales a la Plaza de Santa Ana preguntas al mismísimo García Lorca: ¿qué ha pasado ahí dentro?

Emociones aparte, habría que lamentar que estuviera cubierto solo un tercio del aforo de un magnífico teatro del siglo XVI, El Español, para usar y abusar de este lujo de compañía que se autodenomina "Teatro inestable de Andalucía la baja", titular de muchos reconocimientos, como el Premio Nacional de Teatro 2010, y mejor acogido y conocido en otros países. Oigan, a veinte euros. Sí, poco más de doscientas personas entregadas a esto del teatro atmosférico, sensitivo, visceral… (recordemos que estómago y cerebro son dos vísceras casi igual de importantes).

Sus dos anteriores obras, Los que ríen los últimos –cuando los conocí gracias a un amigo dramaturgo– y Futuros difuntos ya nos convirtieron a algunos en consumidores leales de esta cosa inquietante que trabaja en comunidad, que bebe y se divierte en comunidad y que no se presta demasiado a entrevistas y promociones. De hecho, tras varios minutos de aplausos nadie comparece, nadie saluda, nadie sonríe. Pero algo impreciso vaga por la sala; miramos hacia todos los lados pero sin rechistar. Algo ha pasado. Seguro. Nos miramos de reojo. Entonces, como decía, preguntamos a García Lorca.

José Antonio Lafuente Andújar es licenciado en Filosofía y Letras.

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