Humedades

JOSÉ A. LAFUENTE

Pablo Albo

Humedades
Autor, director e intérprete: Pablo Albo
Teatro Arniches, Alicante
21 enero 2011

José A. LafuenteAutodefinido como "cuentista", el alicantino Pablo Albo (1971) actuó el viernes en su ciudad con una especie de monólogo de una hora en el que hubo para todos y para todo. Humor, ironía, doble intención… ¡prosa poética! El espectáculo fue un tanto irregular, disfrutando de momentos ingeniosos, divertidos y de alguna ocurrencia de bar, mejor dramatizadas por él (eso sí) que por cualquier gracioso al uso. El suyo es un humor inteligente y bien urdido en general, pero con algunas concesiones creo que prescindibles y, en cualquier caso, mejorables. En esa misma línea irregular, la respuesta del público lo fue también durante el desarrollo de las historias, riendo sincronizadamente a cada golpe de ingenio y dejando al solitario la gloria de la carcajada impostada a la hora de la palabra gruesa que daba a entender que "lo había pillado" Al final, aplaudimos todos con ganas a un cómico que nos hizo pasar un buen rato, armado solo con una silla y una botella con la que separaba, reverencia y trago de por medio, cada sketch o historia.

Cartel de "Humedades"Un detalle a tener en cuenta es que toda la función se hizo con la luz general encendida, de manera que el actor podía vernos a todos e interactuar en función de la respuesta, comentario, etc. Si bien esta no es la más cómoda de las situaciones, permitió que se captara mejor el ambiente. Pudimos ver de reojo al público y detectar expresiones de aceptación o rechazo a cada cambio de historia. Las abundantes referencias a "su" barrio de San Gabriel hicieron, además, que algunos recuperáramos algunas vivencias infantiles en este pedazo de Alicante y de su lejana proximidad, explotada por Pablo en algunos pasajes de sus "cuentos canallas" al amparo de las humedades (dentro y fuera del ataúd) que conforman el eje de sus recuerdos y fantasías. Un camino hacia el cementerio plagado de sarcasmo e ingenio y animado por la necesidad de recordar apresuradamente momentos de la vida que (parece) que se escapa.

Al final, su buen hacer y sus tablas no evitaron una cierta sensación de despiste, pues la obra pudiera haber estado más cálidamente arropada en un Clan Cabaret o similar, donde he presenciado magníficos monólogos y pequeñas obras dramáticas de notable calidad. Quizás el Arniches se preste más al teatro teatro, donde lo que allí ocurra no termine con los aplausos y desde donde puedas llevarte parte del material para seguir masticando y creciendo.

José A. Lafuente es licenciado en Filosofía y Letras.

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