Terremoto mediático

JOAQUÍN HERNÁNDEZ
A principios de semana volví a Lorca. Siguen derrumbando edificios. Pero algo ha cambiado. Ya no se ven cámaras ni micrófonos. Sólo máquinas derrumbando los recuerdos de cientos de personas. Es la crueldad de los medios. Se apagan los focos de las cámaras, se cierran los micrófonos y Lorca se queda sin voz

Ya han pasado tres semanas desde que la tierra tembló en Lorca. El seísmo dejó ocho familias truncadas y otras tantas sin casa. Los medios de comunicación se volcaron con la noticia. Informativos especiales, hojas y hojas en periódicos, horas en radio… Pero ya no es noticia. Se leen con cuentagotas las informaciones relativas al terrible seísmo 20 días después. Es la cruel dicotomía de los medios: hoy sales en portada pero mañana ya no cabes en el periódico. Y mientras tanto muchos vecinos de Lorca siguen sin poder entrar en sus casas.

El periodista no debe hablar nunca en primera persona, es una de las máximas que te enseñan en la carrera. El protagonista es la noticia, no el que la cuenta. Hoy me salto la norma (sin que sirva de precedente). Desde hace tres semanas mi segunda casa está en Lorca. He vivido el terremoto desde el minuto cero. Llegué al epicentro de la desgracia con mi compañero cámara cuando todavía había cuerpos tendidos en el suelo y cuando la gente seguía corriendo desconcertada por las calles sin saber adónde ir. Los vecinos nos preguntaban asustados si nosotros sabíamos qué iba a pasar, si habría nuevas réplicas. Vi caras de pánico, de miedo y de desesperación. Una anciana diabética pedía su dosis de insulina, pero tenía miedo de meterse en casa. Lorquinos cogiendo mantas y agua para pasar la noche al raso. Y en medio de la confusión la tierra tiembla de nuevo. Gente corriendo por la calle. El miedo sigue creciendo.

Amanece en Lorca y el desastre se hace todavía más patente. No hay un solo centímetro de acerca que no esté cubierto por cascotes. Los técnicos del ayuntamiento evalúan los daños. Aparecen los puntos rojos en los edificios más afectados y comienza la pesadilla para decenas de familias que se quedan sin casa. Los medios nos hacemos eco de historias personales, familias que no saben dónde ir, vecinos que tienen miedo de volver a sus casas. Los periodistas no sólo contamos historias, sino que también somos improvisados psicólogos. A mí se me han acercado llorando y me han suplicado que no nos fuéramos. "Cuando os vayáis nadie se acordará de nosotros, por favor quedaos". Es lo que me decían los vecinos. Qué razón tenían.

A principios de semana volví a Lorca. Siguen derrumbando edificios. Pero algo ha cambiado. Ya no se ven cámaras ni micrófonos. Sólo máquinas derrumbando los recuerdos de cientos de personas. Es la crueldad de los medios. Se apagan los focos de las cámaras, se cierran los micrófonos y Lorca se queda sin voz. Los vecinos continúan su vida pero ahora el resto de España no sabe que la desgracia en Lorca no ha hecho más que empezar. Los políticos ya no pasean entre cascotes. La foto se la hicieron los primeros días de la tragedia. Ahora ya no interesa, bastante tienen con celebrar la victoria en las elecciones o en buscar un candidato para las próximas.

Los medios de comunicación tienen muchísima repercusión en la sociedad, para lo bueno y también para lo malo. Aquello que sale en los medios está en boca de todo el mundo mientras ocupa minutos en los informativos. Pero cuando se deja de hablar del tema… se acabó. El terremoto ya ha pasado y ahora toca otra cosa. Los periódicos tienen las páginas que tienen y los informativos de radio y televisión duran lo que duran. Además, cada día surgen nuevas noticias que hay que contar. Pero de vez en cuando no estaría mal echar la vista atrás para comprobar que la vida en Lorca ya no es igual desde el fatídico 11 de mayo. Sí, la casualidad quiso que en el calendario tengamos que apuntar otro 11M. Lo que tenemos que conseguir ahora es que no se quede sólo en una fecha más, porque los lorquinos que se han quedado sin casa lo han perdido todo y necesita que los que nos gobiernan les ayuden. No sólo basta con hacerse la foto, ahora tienen que llegar las ayudas que prometieron, y los medios tenemos que comprobar que las promesas se cumplen. Lorca sigue viviendo una pesadilla y los medios debemos ayudar a que los lorquinos que lo han perdido todo puedan edificar de nuevo sus vidas.

Joaquín Hernández es periodista.

Autor: Joaquín Hernández

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