Si no lo veo, no lo creo
IVÁN OBRADOR REMIRO
Es complejo determinar qué sería lo más adecuado, si mostrar las imágenes de la muerte de Bin Laden o una vez dada la información, omitirlas. Muchos ya están satisfechos de conocer que se ha acabado con el terrorista tras 10 años de intensa búsqueda, y no les hace falta tener pruebas visuales de ello
Estos días pasados hemos asistido a una de las noticias más esperadas o de mayor relevancia que se podían dar en la actualidad, la presunta muerte del terrorista más buscado: Osama Bin Laden. Y digo presunta porque no se han hecho públicas imágenes que la corroboren. Los grupos especiales estadounidenses abatieron al terrorista en su refugio, y según nos cuenta "la administración Obama", hay imágenes de ello, pero no se van a difundir por no exaltar más a las masas y a sus fieles seguidores, entre otras causas, por temor al endurecimiento de las acciones terroristas y por si se consigue más mal que bien al enseñar el cadáver ensangrentado y acribillado. Y es que, en la era digital, donde las imágenes nos invaden, el no tener una foto o un vídeo que atestigüe que Bin Laden está muerto, hace a muchos dudar de la veracidad de dicha información, a pesar de que la noticia la haya corroborado el mismísimo presidente de los Estados Unidos de América. A algunos escépticos siempre les quedarán dudas; también los fanáticos y seguidores del líder de Al Qaeda no querrán creer en esta fatal noticia para ellos hasta que no se les muestre esa supuesta verdad.
Por un lado, no deberíamos dudar de la palabra y honestidad del presidente Obama. No creo que los EE.UU. haya lanzado una noticia a la ligera sin tener las pruebas suficientes de que uno de los terroristas abatidos en el asalto en Pakistán fuese Bin Laden, pero imagínense si dentro de unos días, cuando nadie se lo espera, aparece Osama en una de sus grabaciones típicas y desde algún lugar recóndito lanzando proclamas contra occidente. ¡Qué cara de sorpresa se nos quedaría a todos!, ¿no?
Gracias a las imágenes, hoy en día nos hacemos a la idea de lo que sucede en este mundo tan convulso que nos ha tocado vivir. Gracias a los medios de comunicación e incluso a los propios ciudadanos, cámara o móvil en mano, somos testigos de catástrofes tan duras como la de Japón, o de la virulencia de las revueltas en países como Egipto o Libia. Ya hace unos años vimos el ahorcamiento del dictador Sadam Hussein en Iraq, pero todo hace prever que no tendremos la misma "suerte" con Bin Laden, a expensas de las siempre probables filtraciones intencionadas o no de fotos de su cadáver, que también, según nos cuentan, descansa entre los peces tras haberle realizado el rito musulmán.
Es complejo determinar qué sería lo más adecuado, si mostrar las imágenes de la muerte de Bin Laden o una vez dada la información, omitirlas. Muchos ya están satisfechos de conocer que se ha acabado con el terrorista tras 10 años de intensa búsqueda, y no les hace falta tener pruebas visuales de ello. Otros estarán con la duda permanente y recurrirán al popular dicho de "si no lo veo, no lo creo"; así que si las filtraciones no se suceden, tendremos que confiar en la palabra del Premio Nobel de la Paz, el señor Barack Obama, curioso galardón para el presidente de un país que está metido en "todos los fregados" bélicos.
Ni mucho menos la muerte de Bin Laden supone el final de Al Qaeda. Ya hablan de su sucesor al frente de la organización terrorista Al-Zawahiri, el cual, según dicen las malas lenguas, es aún más radical que Osama. La muerte de Bin Laden sí supone un golpe moral y una inyección de alegría y desenfreno, especialmente para la población americana. Pero sí es seguro que aunque puede que nunca veamos las imágenes del cuerpo sin vida del hasta ahora enemigo público nº 1 de EE.UU., lamentablemente sí seguiremos viendo otras muchas de la crueldad del terrorismo y los conflictos bélicos que a día de hoy nos rodean.
Iván Obrador Remiro es periodista.

















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