El día que me tocó retransmitir un partido de fútbol
LUIS SEGUÍ
Los periodistas deportivos, lloran de la risa cuando lo cuento
No me gusta el fútbol: reconozco que soy un rara avis en ello, pero así son las cosas. Soy consciente de que es mucho lo que me pierdo con ese desamor, a juzgar por lo bien que lo pasan los aficionados cuando hay partido.
Nunca los veo en la tele, por importantes que sean: me conformo con enterarme del resultado y congratularme de que ganen los míos o lamentar que pierdan. Y así es mi vida.
Pero el fútbol es tan importante en la profesión periodística que en cualquier medio se dispone de un especialista en la materia (en Radio Nacional sólo teníamos ese tipo de colaboraciones que detentaron, a lo largo de mi historia laboral y por este orden, José Luis de Aitana, Luis Garrigós, Pascual Verdú Belda, Santiago Gambín y Toni Cabot).
Yo jamás me vi sometido a tal tortura, gracias a Dios, pues cuando tomo un periódico me salto, enteras, las páginas deportivas.
Y eso que he practicado casi todos los deportes (excepto el salto en paracaídas, aunque en una ocasión, y por motivos de trabajo, estuve a punto de hacerlo, sobrevolando Rabassa. Ya lo tenía colocado y me encontraba dispuesto a saltar cuando, por una vez, la prudencia me aconsejó que rechazara tal aventura. Pero es lo contaré en otro momento).
Lo del fútbol es peor. Si me salto las páginas deportivas, nunca veo partidos ni en el campo ni en la tele, ignoro el nombre de cualquier jugador, sea del club que sea, y en ocasiones desconozco en qué a, b o c de Segunda se encuentra cualquier club de la provincia, comprenderéis que encargarme a mí retransmitir un partido sería como una ejecución profesional para el Medio que me lo encargue.
Pero Radio Nacional sí lo hizo. Fue en el último partido de la Liga de 1979-1980, en la que el Hércules estaba sentenciado a bajar a, nada menos, que a Tercera. Pero debía de jugar un último partido de puro trámite contra el Atlético de Madrid.
Por entonces, teníamos de experto a Santiago Gambín (gran persona donde las haya), que aunque sí iba a asistir al encuentro, debía retransmitirlo (no se por qué) para Sevilla.
Él estaría en la cabina conmigo y yo sólo tendría que recordar lo que contaba de cada incidencia y repetirlo a continuación.
Y eso fue lo que me vendieron desde la dirección de Deportes en RNE Madrid.
-Luis, está chupado, me decían: repite lo que cuente Santiago y ya está. Sólo tendrás unas intervenciones puntuales: antepartido (con espectadores, alineaciones y ambiente), descanso (resumen de la primera parte) y final del encuentro (otro resumen y fin). Y si ocurre alguna incidencia, ya sabes: conectas con nosotros y te damos paso, pero no va a ocurrir nada; quizás tengas alguna, pero serán dos o tres: nadie se juega nada en ese partido-.
¿Podría haberme negado? Impensable. Como redactor de Radio Nacional estoy obligado a hacer todo lo que me pidan, sin excepción; y, además, hacerlo bien. Para eso me pagaban.
Nervioso como un flan y acompañado del técnico (qepd) Juan Quirós, ocupo la cabina: recojo las alineaciones y escribo mi primera crónica.
La cosa funciona así: Por “baja” (lo que los oyentes no oyen) aviso a Madrid. Ya puedo entrar. Y desde allí resuena por todo el país:
-Rico Pérez, Luis Seguí: ¿Cómo se presenta el encuentro?-
Yo, largo mi crónica, y tan pancho.
Al inicio del partido, de nuevo la conexión. Sin problemas.
Pero, enseguida, algo ocurre: el árbitro le saca a alguien una tarjeta amarilla, y eso hay que contarlo.
Escucho a Santiago, me escribo su intervención, solicito intervenir y lo cuento. Pero hay que decir en qué minuto exacto se ha producido, y ahí empezaron los problemas, pues yo me retrasaba de uno a dos minutos en cada caso. Y los c… de Madrid estaban escuchando también otras emisoras, con lo que mis tiempos les desconcertaban.
Sudando como un pollo, se sucedieron las incidencias; dos, tres, cuatro…hasta 19 conté! Desde tarjetas y expulsiones hasta fueras de juego, pasando por saques de esquina, tiros directos, penaltys y lesiones. ¡Fue horrible!
Pero todo tiene su final. Respiré hondo cuando se retiraron los jugadores y, con toda tranquilidad, bajé la vista a mis papeles y me puse a escribir la crónica final de resumen del encuentro. Cuando la tenía casi terminada, resuena Madrid:
-Luis Seguí, Rico Pérez: ¿Ha terminado el partido?
Entonces, levanto la vista y veo que en el terreno están jugando los futbolistas con las mismas camisetas blanquiazules y rojiblancas de antes. No era una prórroga ni nada semejante, y había que salir del paso. La adrenalina se dispara y opté por decir ni sí ni no, sino todo lo contrario. (En eso soy un maestro). ¿Qué estaba pasando?
Santiago Gambín, alucinado, me escuchaba y, al entender lo que me ocurría, me levantó los cascos y me dijo al oído:
-Luis: son los juveniles.
Y asegurando a mis sufridos oyentes que sí que había concluido el partido, suelto una impecable crónica.
Pero lo bueno fue después. Me llaman de Madrid y me dice el jefe de Deportes.
-Lo has hecho estupendamente, Luis. Un poco confuso el final, y también lo de los tiempos. La próxima vez lo harás mejor.
-No habrá una próxima vez, prometí-. Antes me despediré de RNE.
Luis Seguí es periodista.

















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