Del Volga y otros viajes

TONI GIL
No digo yo, a pesar de todo, que mis viajes y yo seamos predicción de noticias en las páginas de sucesos, que gafe no me considero. Y, como es lógico, cada caso, cada página, cada noticia, saca del baúl de mis recuerdos las sensaciones que he vivido

Crucero por el río Volga Hace unos quince años viajé, con unos familiares, a bordo de un modesto crucero desde Moscú a San Petersburgo; ríos, lagos, embalses y esclusas nos llevaron desde la plaza Roja hasta el museo Hermitage. En el transcurso, orilla izquierda, orilla derecha, pequeños pueblos rusos donde lo más destacable eran sus sencillas –y a veces desvencijadas– iglesias con sus cúpulas-cebolla y las viejas que ofrecían en las escalas sus labores de ganchillo. Dos o tres años antes, tuve la oportunidad de disfrutar de un fin de semana en Túnez y de otro crucero por el Nilo, con estancia final en El Cairo. Dos países, el tunecino y el egipcio, sacudidos recientemente por la búsqueda de su futuro de forma multitudinaria y no siempre del todo pacífica.

Por aquel entonces, viaje también en primavera a Marrakech, recorriendo la plaza Yemaa el Fna y tomando, como otros miles de turistas cada año, un té con menta en el café Argana, donde el pasado abril un injustificado acto terrorista produjo una quincena de muertes y un montón más de heridos.

Nube de cenizas al atardecer en el volcán Puyehue. ECUADROCIENCIA.ORGUn año antes de las olimpiadas de Atenas (2004) visite Atenas entre el bullicio de la preparación de este acontecimiento, entre el auge de los precios a la vista de lo que tenía que venir y un muestrario de cómo vivir por encima de sus posibilidades, como acaba de quedar patente en la actual crisis económica.

Hace tres años recorrí algo de Chile, sin pensar que poco después había de temblar de norte a sur e, incluso, más tarde que sus intestinos tendrían que expulsar desde el volcán Puyehue tanta ceniza que hasta la Patagonia argentina ha estado a punto de prohibir fumar.

En octubre pasado viajé a Siria, donde se asegura está el origen de nuestra cultura, constatando desde el sur hacia el norte –desde Damasco a Aleppo– como se alejaban las gentes de la autocracia del dictador y como el radicalismo religioso crecía a cada kilómetro. Cuando leo los muertos de cada día, fruto de la bestialidad de las fuerzas del estado, me estremezco soñando en que, al menos, no abatan también lo reconstruido en Palmira.

No digo yo, a pesar de todo, que mis viajes y yo seamos predicción de noticias en las páginas de sucesos, que gafe no me considero. Y, como es lógico, cada caso, cada página, cada noticia, saca del baúl de mis recuerdos las sensaciones que he vivido.

Afortunadamente, he viajado a algunos otros lugares donde no se han producido desgracias o acontecimientos dignos de mención; en todo caso, cuando rememoro mi recorrido por la Cuba interior –de Varadero, nada de nada– no puedo sino defraudarme que allí no ocurra nada que pudiera incluir en esta desafortunada relación. Y no es que espero se hunda un barco sobrecargado de pasajeros, claro, no sé si se me entiende…

Toni Gil es periodista.

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