No más muertos
VICENTE CLIMENT
Bien es verdad que quienes nos dedicamos a lo que yo me dedico tenemos más amigos en el Facebook y conocidos fuera de él que la mayoría de los demás mortales, y que por eso se nos muere a partir de cierta edad (nuestra) más gente que al resto
Me tiene un poco reconcomido la cuestión, lo reconozco. Seguramente no es nada raro que, cuando las mejores estadísticas me sitúan en la mitad de mis expectativas vitales, las noticias de muertes de conocidos menudeen y me frecuenten. Cada vez más.
Y así, de repente, revisando entregas anteriores, y fijándome sólo en periodistas y políticos (que son los mundos por los que más me paseo) me releo loando a Paco Vigueras, Joan Brusca, Marcelino Camacho, Juan Antonio Samaranch, José Ramón García Antón, José Luis López Vázquez, José Luis Tormo, y José Luis Lasaletta. Por ejemplo. Da casi para un recopilatorio de obituarios. Dejo aparte a George Harrison y John Lennon -a quienes también dediqué sendos panegíricos- por entrar directamente en la categoría mitológica en la que los dos colectivos antes citados difícilmente pueden aspirar a colocar a alguno de sus miembros.
Y recuerdo después que no he escrito nada o apenas nada sobre Francisco Chirivella, Martínez Bernicola, José Antonio Godoy, Luis Concepción, José Marín Guerrero, Nacho Solaz, Andrés López, José F.Picó, Sergio Balseyro, el esposo de Rosa Tejedor, y los padres de Manolo Sánchez y Jovi Esteve que me hicieron presagiar poco antes la que luego fue la inminente marcha del mío.
Con cada una de esas muertes me vino una idea a la cabeza que luego no supe o no pude plasmar en papel. Y con todas ellas, siempre la misma: la de la necesidad e indefectibilidad de la introspección reflexiva que nos lleva a plantearnos periódicamente ciertos porqués y, sobre todo, ciertos paraqués.
Bien es verdad que quienes nos dedicamos a lo que yo me dedico tenemos más amigos en el Facebook y conocidos fuera de él que la mayoría de los demás mortales, y que por eso se nos muere a partir de cierta edad (nuestra) más gente que al resto. Pero no es menos cierto que ni ver ni saber de más sangre nos insensibiliza ante unas noticias que nos hacen presagiar (casi desear, mala señal si no) que alguien algún día glosará la única que seguro encabezaremos en primera persona. Y eso nos provoca entre inquietud y miedo, según los casos. Aunque sólo sea por un momento. Uno más.
Vicente Climent es periodista.

















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