Jabia y Lipón

VICENTE CLIMENT
No hay más que Libia y Japón en el horizonte. O no hay horizonte en nuestras vidas. Todo se confunde. Libia y Japón, Jabia y Lipón. Por mucho que se empeñe Sarkozy alzando el cuello para que se le vea por encima de los Estados Unidos que ceden sospechosa y voluntariamente su protagonismo a los Estados Desunidos de Europa

Vicente ClimentMira pau’n lao, mira pa l’otro y no ve a nadie… Pedro Navajas podría haber sido periodista de internacional este último mes. Aunque fuera en prácticas. Bueno, de tener alternativas no hubiera aguantado tanto en esa precaria situación. Pero la imagen, para el caso que nos ocupa, puede valer.

Miras p’aun lao, y ves arena del desierto del Sahara; miras p’alotro, y ciega tus ojos el humo radioactivo que ha matado… ¿a ciegas -digo- acelgas? Sigamos cruzando los dedos. No hay más que Libia y Japón en el horizonte. O no hay horizonte en nuestras vidas. Todo se confunde. Libia y Japón, Jabia y Lipón. Por mucho que se empeñe Sarkozy alzando el cuello para que se le vea por encima de los Estados Unidos que ceden sospechosa y voluntariamente su protagonismo a los Estados Desunidos de Europa. Ni siquiera Francia-la-rancia rompe pues el vicioso círculo donde cualquier circunferencia que se precie perdería su honesto nombre: a partir del cir, que antes era (centros de instrucción de reclutas) donde los que iban a la mili hacían sus primeras armas.

Jabia suena a marinera, mezcla de Xàbia y Jávea, de jibia recién sacada de la sepia a punto de plancha. Lipón rememora marca de infusiones y aromas de esencias hechas jabón. Pero nada es lo que parece, la merienda no puede ser ni de sushi, ni –para los que se niegan a tragarse nada crudo– de ahumados Fukushima: ha de ser forzosamente de cefalópodo vuelta y vuelta y té perfumado, y, por supuesto, en jaima alguna. La merienda es de morenos curtidos al implacable sol del desierto, tirando pues a negros, imprescindibles en cualquier merienda clásica que se precie con tirano y banderas de anfitriones. Y el público, harto ya de tanta sangría con la que saciar sedes infinitas, clama pidiendo, como cuando se demanda un bis en una actuación, que los intérpretes canten OTrAn, OTrAn, OTrAn…

Vicente Climent es periodista.

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