"Por mi defensa de la ley de Propiedad Intelectual he sido insultado en todos los tonos"
ALMUDENA AGULLÓ
Con más de 500 canciones en su maleta, Víctor Manuel (Mieres del Camino, Asturias, 1947) se ha ganado a pulso ser el compositor de la banda sonora de los últimos cuarenta años de la historia de España. Víctor Manuel -que ha participado junto al escritor y poeta, Ignacio Elguero, en la ciclo de poesía "Poetéame. 1 Poeta, 1 Cantante", organizado por el Instituto de Cultura Alicantino Juan Gil Albert y la CAM- sigue dando guerra
Canción poética y poema ¿distintas formas de expresión artística o la misma?
Pienso que una cosa es la poesía y otra las canciones poéticas; entiendo la poesía con mucha más complejidad que una canción; una canción debe entenderse necesariamente, un poema, no; un poema lo tienes que interpretar y acomodar dentro de ti; puede ser hermético y puede ser maravilloso, mientras que si haces una canción hermética… te la comes con patatas (risas). El nacimiento de las canciones y los poemas es el mismo, es una herida, es la necesidad de contar algo; cada uno tiene sus códigos, su trabajo y sus reglas.
Todo un mérito ser un cantautor intergeneracional…
Hombre de eso se trata, de ser intergeneracional; la gente que compró mi primer disco creo que ya no sale de casa… creo que llenar los sitios todavía se debe a que has conseguido ser intergeneracional. Cuando has conseguido tener un éxito en los sesenta, otro los setenta, otro en los ochenta, otro en los noventa significa que vas acumulando públicos y que el público último puede llegar a conocer canciones anteriores y por eso produce lo que se produce cuando cantas, que ves caras muy jóvenes que podrían ser tus hijos y gente casi de mi edad o de mi edad.
En la música ¿hacen falta más letras que cuenten historias, con mensaje?
Qué contar o no contar en una canción es una elección, incluso hay veces que es más que una elección, porque hay gente que sencillamente no tiene nada que contar o le interesa contar puramente la mecánica amorosa, y en eso consisten la inmensa mayoría de las canciones que se escriben; aunque después rastreas en el folclore y la temática es más variada que el te quiero-me quieres. En la música de hoy, igual; hay gente que se interesa por las letras, que tiene buena escritura, y otra gente que no.
Con 500 canciones a sus espaldas, ¿cuáles han sido y son sus fuentes de inspiración para escribir?
La verdad es que la infancia, mis vivencias hasta los 12 años, es el pozo de donde luego sacas agua a lo largo de tu vida; de ese mundo es del que hablan la mayoría de mis canciones; y hay algunas que no quiero dejar de cantar –"Asturias", "El Abuelo Víctor", "Ay Amor" y "El hijo del ferroviario"– porque son mis letras más personales, los pivotes a los que uno se ancla para soportar las mareas y embestidas del mar. Otras veces la predisposición de ánimo para escribir ocurre de noticias que leo en un periódico, que descubro escondidas en un rincón de una página y que considero que deberían ser noticias de portada.
¿Alguna canción que haya nacido de una noticia de prensa?
"La madre"; estaba de viaje en Italia y leí una noticia que me impactó enormemente sobre una madre con un hijo heroinómano desde hacía años que consiguió una dosis de heroína para su hijo y le dio la muerte. Me pareció una historia a caballo entre lo real y lo irreal y surgió la canción.
Y también tiene una canción sobre el 11-S de Nueva York… ¿Fruto también de una necesidad de exteriorizar las emociones que le causaron los atentados?
Bueno, en ese caso, la canción la escribí cuatro años después del 11-S, cuando leí que en las torres gemelas había gente sin papeles que trabajaba fregando las escaleras, arreglando el montacargas, cuyos nombres no están en las placas en memoria de las personas que murieron allí; nadie puede negar a nadie conocer donde tiene a un muerto, nadie puede negar a nadie saber si está enterrado en una fosa común o en una cuneta; eso no ocurre ni en países como Camboya. Dejar que nuestros muertos se pudran a su suerte sólo pasa aquí; de eso es de lo que hablo en "¿Cómo voy a olvidarme?"
Como notario del mundo en el que vivimos ¿escribiría una canción sobre las revoluciones que se están viviendo en los países árabes?
Cuando los sucesos están ocurriendo es difícil que se te ocurran cosas, las cosas tienen que posarse, sedimentarse y, al cabo del tiempo, puede salir una canción o puede no salir nunca. Lo que está ocurriendo, esta revolución va a durar muchos años, si alguien piensa que lo de Túnez está acabado o lo Egipto está acabado… creo que les queda un largo camino por recorrer; ya no digamos a Libia o a Bahrein. Pienso que esta revolución hacía falta y lo fundamental es que no sea una lucha religiosa, sino que sea una lucha política a secas y… ojalá salgan las cosas bien.
Ha sido muy duramente criticado por defender el canon digital, defiéndase…
Bueno… por mi postura respecto a la Ley de Propiedad Intelectual he sido insultado en todos los tonos (risas); explicarla de nuevo… Defiendo la Ley de Propiedad Intelectual igual que defiendo la Ley de Propiedad Privada, pero la gente a veces se olvida y sólo se acuerda de que lo suyo es suyo y quieren que lo de los demás sea suyo también. Lo que me alucina más de toda esta historia, lo que late al fondo de la Ley de Propiedad Intelectual es que se niega a que la gente viva de su trabajo, porque esto no lo había escuchado ni leído nunca en ninguna otra profesión. ¿Si tú haces una canción por qué va a ser tuya para siempre? Bueno, coño… y el piso que te has comprado ¿por qué va a ser tuyo para siempre?
En esta pelea ¿quién gana, quién pierde y quién es el culpable?
La pelea está entre cultura e industria y, por supuesto, va a ganar siempre la industria; cuando digo industria, digo operadoras de telefonía, fabricantes de aparatos electrónicos, televisiones privadas… a eso me refiero cuando digo que ganan; ganan los que se llevan la parte del león. ¿Quién pierde? El pobre chaval que está escribiendo canciones en un piso de aquí al lado, y que ya ha interiorizado que de esto no se vive, que tiene que tener otro trabajo, y que, en todo caso, se puede subir a un escenario el fin de semana, pagándolo; eso sí, si no paga, no toca; esa es la gran tragedia. A los chavales sencillamente quiero hacerles ver que matan a sus músicos… a mí me tocan el pie; yo ya lo tengo hecho todo, tengo hecho más por detrás que por delante.

















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