Túnez
VICENTE CLIMENT
La revolución de los jazmines es verdad que recuerda a la de los claveles. Pero Portugal siempre ha sido Europa, y Túnez, por mucho francés que se practique allí, no
Túnez? Hum. Yo estuve allí. Fue hace… 18 años. Recuerdo que salimos del hotel y nos topamos con el disc-jockey (?), que, naturalmente, era hijo del imán de no sé qué mezquita, hablaba español, y se ofreció a meternos -¡y nos metió aún no sé cómo!- en el corazón mismo de la medina de la ciudad. Qué miedo. Hasta justo la tienda de un amigo suyo en donde nos sentimos obligados a comprar. Seguro que alguno de ustedes también conoce a ese sujeto. Puede que lo haya visto en Estambul, en Fez o en El Cairo, es el mismo. Nada me hizo nunca suponer que Túnez, ese Túnez, una mayoría de edad después, iba a pasar la Transición que está pasando. En el otoño del 92, los arcenes de las carreteras del país estaban llenos de chasis de coches abandonados, y las chaquetas de los camareros de los restaurantes del camino entre Cartago, la puerta de Douz y el oasis de Nafta tenían lamparones. En realidad eran dos buenas señales. Y 18 de los 23 años de una dictadura seguramente no son suficientes para que los anhelos materializados en esqueletos de coches y las necesidades de entonces en forma de manchas de grasa no se parezcan a las de ahora. El tempo de las dictaduras ralentiza el tiempo de los dictadurizados.
De todas formas, lo de Túnez hoy yo no sé a qué se parece. La revolución de los jazmines es verdad que recuerda a la de los claveles. Pero Portugal siempre ha sido Europa (aunque los franceses se aferraran a lo de la frontera pirenaica de África), y Túnez, por mucho francés que se practique allí (y Turquía e Israel, por mucho que tengan plaza en Eurovisión), no. Puede, por cierto, que Bielorrusia tampoco. Entre las arenas del desierto más grande del mundo y las ruinas de la sucursal de la fenicia Tiro van cien muertos -cuatro entre los estuarios del Tajo y del Duero- y muchos disparos. Y al principio, un bonzo con carrito de verduras expoliado. Las revoluciones nunca se sabe cómo van a empezar, debe de pensar a estas horas "la señora" de Ben Ali, en realidad Mal Ali, peor imposible para su pueblo.
Un pueblo al que más le vale controlar su propio islamismo. Véase lo que le pasó a Argelia para una vez que votó, que se hizo FIS encima, mírese lo que pasa en Marruecos, en donde la excusa le viene bien a su rey como le vino bien al sha hasta que se descuidó y le acabó por pasar lo que al Ali éste de tanto peregrinar y difícil asentar después de la caída desde la cima del poder omnímodo, el que da tener más policías que soldados. En Egipto, a quien todos en África señalan como el siguiente (como en Europa hacen con España, pero por otros motivos), más le valdrá a Obama cargarse el piano de forma controlada, como los Who con sus guitarras, antes de que alguien ordene que la famosa y tópica melodía sea tocada de nuevo. Bueno, la primera vez fue en Casablanca, y no en un café a lo largo del Nilo. Mucho menos en Túnez. Pero ahora…
Vicente Climent es periodista.

















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