Después del 22-M
VICENTE CLIMENT
A nadie de fuera le importaba lo más mínimo buscar una explicación a la mejora de los resultados de un PP tan en boca del resto de España por asuntos extrapolíticos
La del 22-M, la primera noche electoral de los últimos veinte años que no cuento a los valencianos (con excepción de una, la del 14-M, en que fui presidente de mesa), estuve esperando en vano que alguien de otra comunidad me pidiera una explicación de los resultados electorales en ésta. Mi principal encomienda profesional esa noche, la de atender a otras emisoras públicas autonómicas que demandaran información y comentarios autóctonos, se limitó a unas chanzas con los colegas canarios sobre el buen tiempo que hacía aquí y lo nubladillo que amaneció allá… Cuando a ellos aún les faltaba una hora para cerrar sus colegios electorales. Luego, ni eso. Unos cortes de los discursos finales para Murcia, y poco más. Conclusión: a nadie de fuera le importaba lo más mínimo buscar una explicación a la mejora de los resultados de un PP tan en boca del resto de España por asuntos extrapolíticos. Que es lo que supongo debiera concluirse también de puertas adentro para explicar esos resultados: menos devolver una dignidad que ningún valenciano ha perdido mientras no se demuestre lo contrario, y más rellenar o al menos prometer rellenar nuestros esquilmados bolsillos. Hacía falta ilusión o esperanza, no dignidad. Que no somos bellacos, señores. Que sé que los de aquí lo saben, pero que tenían que habérselo dicho a quienes luego iban a pedir el voto. Hubiera bastado con un "son cosas del líder, no hagan caso, yo no comparto esa opinión", como quiso hacer ya un poco tarde Barreda no aceptando dirigentes nacionales en campaña. La precampaña era la clave. Y desde entonces que se les venía diciendo en comentarios digitales a los valencianos que cómo es que no despertaban y espabilaban, mientras que a los vascos les dejamos que voten a Bildu sin mayor reparo porque las cosas de allí no se pueden entender desde el resto de España. Sin entrar en más honduras, en el caso valenciano había que haber visto y oído. El CIS, por ejemplo, que marca un sesenta y no sé cuántos de preocupación ciudadana por el paro y la economía, y un uno y pico por ciento por los valores y la corrupción. Claro, basando la campaña en el uno por ciento ya resulta milagroso pasar del veinte en votos. Aun así el suelo estaba en el treinta. La historia manda, y no se podía, no se debía bajar de ahí. Esa diferencia va a ser entendida, lo está siendo ya de puertas socialistas adentro, como cosecha propia del líder local. En Facebook ya he visto un manifiesto con militantes pidiendo la dimisión de Alarte. Entre otras cosas, por haber marginado a buena parte –útil– del partido, que ni ministerio de la oposición va a tener. Y por echarse piedras a su tejado. Porque, a ver, por muy convencido que estés de lo manipuladora que es la televisión autóctona, ¿a quién se le ocurre amenazar con cerrar el puesto de trabajo de 1.800 personas, es decir, los ingresos familiares de casi 5.000, de una sola tacada? Después querría que le votaran en Canal 9, ¿no?. Que, por cierto, igual ahora tiene la culpa de su derrota, aunque, EGM en mano, me permito dudarlo. Por cierto, y por acabar ya: si lo de los trajes va a más, ¿volverán desde esa parte de la oposición (ya ni siquiera es La Oposición, sólo una parte) a centrar su discurso político en el "monotema" que dirían los lermistas, en una dignidad que apenas ha sido entendida/atendida sino como anécdota tras dos años de machacón discurso?
Vicente Climent es periodista.
Autor: Vicente Climent





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